Viernes, 14 de diciembre de 2012

Cuaresma y Semana Santa nos ofrecen ocasión propicia para pensar en muchos títulos pasionistas de María. La advocación "Virgen de la Esperanza" sin ser estrictamente título de "Pasión", está profundamente vinculado a la participación de María en la obra redentora de Cristo. Deseamos analizar esta rica advocación a la luz del formulario 37 de las llamadas "Misas de la Virgen María" que lleva como denominación específica "La Virgen María, Madre de la Santa Esperanza". 

Refleja muy bien la función eficiente de Nuestra Señora en la Historia de la salvación. Por otro lado nos resulta entrañablemente familiar porque desde nuestra infancia hemos rezado miles de veces la bellísima antífona de la Salve donde llamamos a la Virgen Vida, dulzura y esperanza nuestra. A su poderosa intercesión hemos confiado siempre nuestras cuitas, con la certeza filial de que Ella las toma sobre sí y las atiende favorablemente, alcazándonos las gracias que necesitamos. 

I. SIGNO DE ESPERANZA SEGURA Y DE CONSUELO". 

El Concilio Vaticano II en la Constitución Lumen Gentium 68, afirma como conclusión final que la Virgen María "en esta tierra, hasta que llegue el Día deL Señor (2 Pe 3, 1 0) precede con su luz al Pueblo de Dios peregrinante como signo de esperanza segura y de consuelo. 

Esta confortadora enseñanza se repite casi literalmente en el Prefacio de la Misa de la Asunción de Nuestra Señora. 

La Iglesia considerando las funciones desempeñadas en la Historia de la salvación la llama con frecuencia "esperanza nuestra" al utilizar la antífona medieval de la Salve atribuída al Obispo compostelano Pedro de Mezonzo, en el siglo X. En el misterio de su gloriosa Asunción contempla a María como esperanza segura de salvación que brilla para los fieles en medio de las dificultades de la vida. En esta Misa que comentamos se venera a la Madre de Cristo por tres motivos: 

Primero. Porque durante su vida, aquí en la tierra, alimentó constantemente la virtud de la esperanza, confió plenamente en el Señor, y "concibió creyendo y alimentó esperando" al Hijo de Dios anunciado por los Profetas. 

Segundo. Porque habiendo subido al ciclo se ha convertido en la "esperanza de los creyentes", ayudando a los que desesperan, y siendo al mismo tiempo aliento, consuelo y fortaleza de los que acuden a Ella. 

Tercero. Porque -como ya quedó dicho- precede con su luz a todos los hijos de Adán como señal de esperanza segura y de consuelo. 

El Prefacio de la Virgen María "Madre de la Santa Esperanza", nos ofrece a todos los cristianos un estimulante mensaje capaz de sacudir nuestras desidias e inercias. La esperanza teologal se ha convertido, por culpa de todos, en una virtud cenicienta que apenas tiene funciones en nuestro dinamismo sobrenatural. Se ha escrito con razón que no es fácil soportar la existencia sin una razón suficiente y sin una meta que pueda ilusionarnos. El corazón aspira a un amor que no termina y necesita de la esperanza que colme así todos sus deseos. Lo expresó, sentenciosamente, San Agustín: "Nos has creado Señor para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti". El deseo ineluctable de poseer a Dios y la firme esperanza de unirnos definitivamente a Él, pueden desalojar todo conato de melancolía. Nos hallamos ante una de las más hermosas advocaciones marianas que encantan especialmente al pueblo cristiano, sabedor, por fino instinto sobrenatural, de cómo intercede y ayuda a todos sus hijos la que es "omnipotencia suplicante". 

Sin duda hay muchos cristianos que tienen problemas de fe, pero abundan también los que no cultivan la virtud de la esperanza, ni se ejercitan en ella como si ésta no tuviera un papel esencial en su vida. Desgraciadamente la "esperanza-confianza" se ha ausentado de muchos corazones, provocando graves crisis de fe y traumas espirituales a veces irreparables.

Texto: Padre Andrés Molina Prieto

Fuente: mariología.org


Publicado por javiertortosa @ 18:41  | Enlaces en la Web
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