Domingo, 23 de septiembre de 2012

A las 11:30h del domingo 23 de septiembre, el Obispo Diocesano, monseñor Adolfo González Montes, Dedicará la iglesia de Las Salinas de san Miguel, después de las profundas obras de restauración que se han acometido en el edificio sacro. El rito de la Dedicación de una iglesia supone para la comunidad cristiana local el coronamiento de una larga empresa de esfuerzos compartidos por todos. Es un día de fiesta que marcará un hito importante en la vida eclesial.

Cristo, por su muerte y su resurrección se convirtió en el verdadero y perfecto templo de la nueva Alianza y reunió al pueblo adquirido por Dios. Este pueblo santo, unificado por virtud y a imagen del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es la Iglesia, o sea, el templo de Dios edificado con piedras vivas, donde se da culto al Padre con espíritu y verdad. Con razón, pues, desde muy antiguo se llamó "Iglesia" el edificio en el cual la comunidad cristiana se reúne para escuchar la palabra de Dios, para orar unida, para recibir los sacramentos v celebrar la eucaristía.

Por el hecho de ser un edificio visible, esta casa es un signo peculiar de la Iglesia que peregrina en la tierra e imagen de la Iglesia celestial. Y porque la iglesia se construye como edificio destinado de manera fija y exclusiva a reunir al pueblo de Dios y celebrar los sagrados misterios, conviene dedicarla al Señor con un rito solemne, según la costumbre de la Iglesia.

Son varios lo pasos que se siguen en la Dedicación de una iglesia: la aspersión, la unción del altar y de los muros de la iglesia, unción del altar y de los muros de la iglesia, cremación del incienso y el revestimiento e iluminación del altar.

La aspersión

En clara analogía con los sacramentos de la iniciación cristiana en virtud de los cuales el creyente se convierte en templo de Dios al recibir sucesivamente el bautismo, la confirmación y la eucaristía, ante todo, el altar y la iglesia son lavados con agua bendita. Por eso, tras la procesión de entrada y tras la entrega simbólica de la iglesia al Obispo, éste bendice agua v rocía con ella al pueblo, que es el templo espiritual, y asperja también el altar y los muros de la iglesia. A continuación, tras una oración, se canta el Gloria y se da paso la Liturgia de la Palabra. Terminada, se da comienzo a los ritos de la Dedicación.

Oración de dedicación

La celebración de la eucaristía es el rito máximo y el único necesario para dedicar una iglesia. No obstante, de acuerdo con la común tradición de la Iglesia, tanto oriental como occidental, se dice también una solemne oración de Dedicación, en la que se expresa la voluntad de dedicar para siempre la iglesia al Señor y se pide su bendición. Con esta oración comienza propiamente el rito de la Dedicación.

Unción del altar y de los muros de la iglesia.

Como se ha proclamado en las lecturas de la Liturgia de la Palabra, el altar es signo de Cristo, el "Ungido", puesto que el Padre lo ungió con el Espíritu Santo y lo constituyó Sumo Sacerdote para que, en el altar de su cuerpo, ofreciera el sacrificio de su vida por la salvación de todos. La unción de las doce cruces de las paredes de la iglesia significa que ella está dedicada toda entera para siempre al culto cristiano. Se hacen doce unciones, según la tradición litúrgica, para significar que la iglesia es imagen de la ciudad santa de Jerusalén, fundamentada en los Doce Apóstoles del Señor, construida con las piedras vivas que son los fieles.

Cremación del incienso.

Se quema incienso sobre el altar para significar que el sacrificio de Cristo, que se perpetúa allí sacramentalmente, suba hasta Dios como suave aroma y también para expresar que las oraciones de los fieles lleguen agradables y propiciatorias, acompañadas del aroma de las buenas obras, hasta el trono de Dios.

La incensación de la nave de la iglesia significa que llega a ser casa de oración. Pero se inciensa primero al pueblo de Dios, que él es el templo vivo, en el que cada uno de los fieles es un altar espiritual.

Revestimiento e iluminación del altar.

El revestimiento del altar con manteles blancos y su iluminación con cirios indica que el altar cristiano es ara del sacrificio eucarístico y, al mismo tiempo, la mesa del Señor, alrededor de la cual los sacerdotes y los fieles, en una misma oración, pero con funciones diversas, celebran el memorial de la muerte y resurrección de Cristo y comen la Cena del Señor. Por eso el altar, como mesa del banquete sacrificial, se viste y se adorna festivamente.

Tras estos ritos la Eucaristía prosigue con la Liturgia eucarística.

Fuente: Diócesis de Almería


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