Jueves, 17 de febrero de 2011

?Sepultados con Cristo en el bautismo, con ?l tambi?n han resucitado?, lema del Papa

El pr?ximo martes 22 de febrero tendr? lugar una conferencia de prensa para la presentaci?n del mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma de 2011, que lleva por t?tulo ?Sepultados con Cristo en el bautismo, con ?l tambi?n han resucitado?, tomado de la Carta de San Pablo a los Colosenses

A las 11.30 de la ma?ana, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el mensaje ser? presentado por el cardenal Rober Sarah, presidente del Pontificio Consejo ?Cor Unum?; los monse?ores Giampietro Dal Toso y Segundo Tejado Mu?oz, respectivamente secretario y subsecretario del mismo dicasterio; y por la se?ora Myriam Garc?a Abrisqueta, presidente di Manos Unidas Espa?a.

Fuente: Ecclesia?

Mi?rcoles 16 feb (RV).-


Ampliacion de la Noticia:

?Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con ?l tambi?n hab?is?resucitado? (Col 2, 12)

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma, que nos lleva a la celebraci?n de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo muy valioso e importante, con vistas al cual me alegra dirigiros unas palabras espec?ficas para que lo vivamos con el debido compromiso. La comunidad eclesial, asidua en la oraci?n y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificaci?n en el esp?ritu, para obtener con m?s abundancia del misterio de la redenci?n la vida nueva en Cristo Se?or (cf Prefacio I de Cuaresma).

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1.- Esta misma vida ya se nos transmiti? el d?a del Bautismo, cuando ?al participar de la muerte y resurrecci?n de Cristo?, comenz? para nosotros ?la aventura gozosa y entusiasmante del disc?pulo? (Homil?a en la fiesta del Bautismo del Se?or, 10 de enero de 2010). San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comuni?n singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la mayor?a de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia ?los mismos sentimientos de Cristo Jes?s? (Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente.

El ap?stol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformaci?n que tiene lugar al participar en la muerte y resurrecci?n de Cristo, indicando su meta: que yo pueda conocerle a ?l, el poder de su resurrecci?n y la comuni?n en sus padecimientos hasta hacerme semejante a ?l en su muerte tratando de llegar a la resurrecci?n de entre los muertos (cf?Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversi?n sincera, iniciada y sostenida por la gracia, que lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.

Nexo entre Bautismo y Cuaresma

Un nexo particular vincula el Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la gracia que nos salva. Los padres del Concilio Vaticano II exhortaron a los pastores de la Iglesia a utilizar ?los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal? (Sacrosanctum concilium 109).

En efecto, desde siempre la Iglesia asocia la vigilia pascual a la celebraci?n del Bautismo: en este sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo esp?ritu de Dios que resucit? a Jes?s de entre los muertos (cf Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido an?logo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, as? como para los catec?menos de hoy, es una escuela insustituible de y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para su existencia.

2.- Para comprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrecci?n del Se?or ?la fiesta m?s gozosa y solemne de todo el a?o lit?rgico cristiano-, ?qu? puede haber m?s adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto, la Iglesia, en los textos evang?licos de los domingos de Cuaresma, nos gu?a hacia un encuentro especialmente intenso son el Se?or, haci?ndonos recorrer las etapas del camino de la iniciaci?n cristiana: para los catec?menos, en la perspectiva de recibir el sacramento del renacimiento; y para quien est? bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega m?s plena a ?l.

Los cinco domingos de Cuaresma

El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condici?n de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misi?n de Jes?s, es una invitaci?n a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida (cf Ordo Initiationis Christianae Adultorum, n. 25). Es una llamada decidida a la recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jes?s y en uni?n con ?l, una lucha ?contra los dominadores de este mundo tenebroso? (Ef 6, 12), en el cual el diablo act?a y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Se?or: Cristo sale victorioso, para abrir tambi?n nuestro coraz?n a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal.

El evangelio de la Transfiguraci?n del Se?or pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrecci?n y que anuncia la divinizaci?n del hombre. La comunidad cristiana toma conciencia de que es llevada como los ap?stoles Pedro, Santiago y Juan ?aparte, a un monte alto? (Mt 17,1), para acoger nuevamente en Cristo, como hijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios. ?Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle? (v. 5). Es la invitaci?n a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: ?l quiere transmitirnos, cada d?a, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro esp?ritu, donde discierne el bien y el mal? (cf?Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Se?or.

La petici?n de Jes?s a la samaritana: ?Dame de beber? (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasi?n de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro coraz?n el deseo del don del ?agua que brota para la vida eterna? (v. 14). Es el don del Esp?ritu Santo, que hace de los cristianos ?adoradores verdaderos? capaces de orar al Padre en ?esp?ritu y verdad? (v. 23). ?Solo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Solo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, ?hasta que descanse en Dios?, seg?n las palabras c?lebres de San Agust?n.

El domingo del ciego de nacimiento presenta a Cristo como luz del mundo. El evangelio nos interpela a cada uno de nosotros: ??T? crees en el Hijo del hombre??. ?Creo, Se?or? (Jn 9, 35,38, afirma con alegr?a el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente. El milagro de la curaci?n es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez m?s profunda y podamos reconocer en ?l a nuestro ?nico Salvador. ?l ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como ?hijo de la luz?.

Cuando, en el quinto domingo, se proclama la resurrecci?n de L?zaro, nos encontramos frente al misterio ?ltimo de nuestra existencia: ?Yo soy la resurrecci?n y la vida? ?Crees esto?? (Jn 11, 25-26). Para la comunidad cristiana es el momento de volver a poner con sinceridad, junto con Marta, toda la esperanza en Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo (v. 27).

La comuni?n con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en ?l. La fe en la resurrecci?n de los muertos y en la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido ?ltimo de nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para la resurrecci?n y para la vida, y esta verdad da la dimensi?n aut?ntica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y a su vida social, a la cultura, a la pol?tica, a la econom?a. Privado de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin?esperanza.

El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la gran vigilia de la noche santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Se?or de nuestra vida, la vida que Dios nos comunic? cuando renacimos ?del agua y del Esp?ritu Santo? y reafirmamos de nuevo compromiso de corresponder a la acci?n de la gracia para ser disc?pulos.

3.- Nuestro sumergirnos en la muerte y en la resurrecci?n de Cristo mediante el sacramento del Bautismo nos impulsa cada d?a a liberar nuestro coraz?n del peso de las cosas materiales y de un v?nculo ego?sta con la ?tierra?, que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al pr?jimo. En Cristo, Dios se ha revelado como Amor (cf I Jn, 4, 7-10). La Cruz de Cristo, la ?palabra de la Cruz? manifiesta el poder salv?fico de Dios (cf I Co, 1, 18), que se da para levantar al hombre y traerle la salvaci?n: amor en su forma m?s radical (enc?clica Deus caritas est, 12).

El ayuno

Mediante las pr?cticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oraci?n, expresiones del compromiso de conversi?n, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez m?s radical el amor de Cristo.

El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo m?s pobre nuestra mesa, aprendemos a superar el ego?smo para vivir en la l?gica del don y del amor; soportando la privaci?n de alguna cosa ?y no solo de lo superfluo-, aprendemos a apartar la mirada de nuestro ?yo? para descubrir a alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano, el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea tambi?n amor al pr?jimo (cf Mc 12, 31).

La limosna

En nuestro camino tambi?n nos encontramos ante la tentaci?n del tener, de la avidez del dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El af?n de poseer provoca violencia, prevaricaci?n y muerte; por esto, la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la pr?ctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir.

La idolatr?a de los bienes, en cambio, no solo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo enga?a, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sit?a las cosas materiales en el lugar de Dios, la fuente ?nica de la vida. ?C?mo comprender la bondad paterna de Dios si el coraz?n est? lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones de que podemos asegurar el futuro? La tentaci?n es pensar como el rico de la par?bola: ?Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos a?os? Pero Dios le dijo: ??Necio! Esta misma noche te reclamar?n el alma? (Lc 12, 19-20). La pr?ctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atenci?n hacia los dem?s, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia.

La oraci?n

En todo el tiempo cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Medit?ndola e interioriz?ndola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oraci?n, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando en nuestro coraz?n, alimenta el camino de fe que iniciamos en el d?a del Bautismo. La oraci?n nos permite tambi?n adquirir una nueva concepci?n del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la transcendencia, simplemente marca nuestros pasos un horizonte que no tiene futuro. En la oraci?n encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que ?sus palabras no pasar?n? (cf Mc, 13, 31), para entrar en la ?ntima comuni?n con ?l que ?nadie podr? quitarnos? (cf Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que nos falla, a la vida eterna.

En s?ntesis, el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el misterio de la cruz, es ?hacerme semejante a ?l en su muerte? (Flp 3, 10) para llevar a cabo una conversi?n profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acci?n del Esp?ritu Santo como San Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisi?n nuestra existencia seg?n la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro ego?smo, superando el instinto de dominio sobre los dem?s y abri?ndonos a la caridad de Cristo.

El periodo cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con revisi?n de vida, la gracia renovadora del sacramento de la Penitencia y caminar con decisi?n hacia Cristo.

Queridos hermanos y hermanas: mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oraci?n, el camino de conversi?n hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y gu?e todas nuestras acciones. Lo que el sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada d?a siguiendo a Cristo de modo cada vez m?s generoso y aut?ntico.

Encomendemos nuestro itinerario a la Virgen Mar?a, que engendr? al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como Ella en la muerte y resurrecci?n de su Hijo Jes?s y obtener la vida eterna.

Vaticano, 4 de noviembre de 2010

BENEDICTO XVI


Publicado por javiertortosa @ 12:30  | Cuaresma 2011
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