Jueves, 07 de enero de 2010

La puerta santa de la catedral de Santiago, la puerta del perdón ya ha sido abierta para todo el año 2010.  Será el 119 Año Santo Compostelano de la historia. Será una nueva oportunidad para el feliz desbordamiento de la llegada de millones de peregrinos, la abundante administración de los sacramentos, las solemnes y sentidas celebraciones litúrgicas, las peregrinaciones sin fin….  

El Año Santo llega, tras casi mil años de fecundísima historia y con un esplendoroso presente, con todo su don, con toda su gracia. Como “tesoro espiritual”,  “ocasión para valorar y revitalizar la vida interior, yunque en el que Dios labra la identidad cristiana y la autenticidad”, “oportunidad evangelizadora excepcional”, “tiempo extraordinario para la escucha de la Palabras y la recepción de los sacramentos” han calificado y descrito al Año Santo tanto el Papa Benedicto XVI como el arzobispo local, monseñor Julián Barrio  Y no cabe duda alguna de ello. 

Con todo,  el carácter esencial espiritual y pastoral de la peregrinación a Compostela, del Camino de Santiago, corre también el riesgo “en ciertos casos  de ser ignorado o desvirtuado”, como ha señalado el Papa. La archidiócesis compostelana, las diócesis del Camino y la entera Iglesia en España, aun cuando sin duda prevalecen y con mucho las luces, son conscientes asimismo de este riesgo. Riesgo que se ha de convertir en reto, en tarea, en oportunidad. En este sentido, Benedicto XVI, en el contexto además del Año Sacerdotal, ha pedido a los sacerdotes se sigan cultivando y potenciando lo propio, lo específico del Camino y de la peregrinación jacobea. Esto es, prodigarse en la administración de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, pues “lo más buscado, lo más preciado y característico del Año Santo es el Perdón y el encuentro con Cristo vivo”. Y, revestidos de espíritu de acogida y de entrega, “servir a sus hermanos peregrinos ofreciéndoles la vida de Dios como hombres de la Palabra divina y de los sagrado”. 

Y en esta misma línea de fortalecimiento espiritual y evangelizador de las señas de identidad de la tradición jacobea hemos de esforzarnos y comprometernos todos. Sin entrar en confrontaciones estériles, sí hemos de recordárselas a los medios de comunicación, a agencias de viajes y a autoridades públicas. Y con incisiva sagacidad y oportunidad pastoral hemos de vivirlo y transmitirlo también a nuestras comunidades eclesiales, cuidando la preparación y desarrollo de las peregrinaciones y promoviendo la correcta interpretación y vivencia de lo que en verdad es el Jacobeo. 

Por supuesto que el Camino y que Santiago son arte, cultura, belleza natural, ocasión recreativa y deportiva, reclamo turístico y gastronómico. Nada de ello, en principio y en sí mismo, es negativo. Y además Dios sí que se sirve de todos los “caminos”… Pero, en cualquier caso, el Camino y Santiago son mucho más. Son testigos elocuentes de la búsqueda y de la verdad del hombre, parábola de la vida, imagen de la Iglesia peregrina, inmersión en las raíces de nuestra fe y de nuestra mejor tradición, espléndida experiencia eclesial, cristiana y humana, hontanar de caridad, magnífica ocasión para la gracia y la conversión.  Son signos del proceso interior y exterior del hombre en pos de su renovación y en la búsqueda de su mismo destino que no son otros que el encuentro transformador e irradiador con Jesucristo como sugiere además el lema del presente Año Santo Compostelano, “Peregrinos hacia la luz”. Que no son otros que recorrer el camino, entrar por la puerta del perdón, abrazar al apóstol y a Quien él representa y salir transfigurados por el pórtico de la gloria 

“En medio del proceso de descristianización –ha subrayado monseñor Barrio-, el Año Santo no es un  huida espiritualista ni un discurso religioso vacío sino un compromiso para acoger la gracia de Dios, construir la civilización del amor y discernir cristianamente l realidad cuando se han visto radicalmente sacudidas las certezas fundamentales que conforman la vida de los seres humanos. El Año Santo Compostelano es faro de luz y fuente de gracia para el hombre actual sumergido en una profunda crisis”. ¡Bienvenido sea, pues, este tiempo de gracia y de perdón, este tiempo de Iglesia y de evangelización!  Y a todos nos corresponde cuidarlo y potenciarlo en fidelidad con su identidad y en respuesta a los signos de los tiempos.

Fuente: Ecclesia


Publicado por javiertortosa @ 0:30  | Enlaces en la Web
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