Martes, 03 de noviembre de 2009

Una multitud de fieles se congregaron ayer en el cementerio de Almería para asistir a la misa oficiada por el obispo almeriense, Adolfo González. El camposanto era un hervidero durante la jornada festiva de lunes un hervidero de gente. "Abuela, ¿dónde está la tumba del abuelito", preguntaba un niño con inocencia. "Tranquilo, cariño, que no se me olvida, que está al lado de unos arcos", respondía la anciana con ternura.

Pero donde más gente se concentró fue al final del pasillo central, delante de esa gran cruz donde el obispo había convocado a sus fieles a las doce de la mañana para honrar a todos los difuntos. Con un poco de retraso, debido al intenso tráfico y la escasez de aparcamientos, comenzó la ceremonia eclesiástica en la que se pidió en todo momento un "descanso eterno para los difuntos y que brille para ellos la luz perpetua".

El incienso dominaba el ambiente y purificaba las almas de vivos y difuntos. Los religiosos pedían piedad a Cristo ante la "eterna bienaventuranza" en sus oraciones. Algunos fieles leían la carta del apóstol San Pablo a los romanos o la del Santo Evangelio según San Juan.

Pero sin duda el discurso más emotivo fue el del obispo que comenzó su plática pidiendo a los fieles el cumplimiento del bien de los mandamientos divinos. Adolfo González rememoró unos escritos del Papa Benedicto XVI que asegura que "el hombre no está nunca lo suficientemente purificado por lo que se debe desear a Dios como ser supremo abandonando cualquier reminiscencia pecaminosa".

El obispo almeriense parangonó el pecado con el origen de la muerte eterna y la ausencia de felicidad. González aseguró que "se ha dejado de orar mucho por los difuntos, no es una cuestión parroquial, sino que se pierde el valor redentor de la sangre d e Cristo para que realice sus beneficios salvadores". Asimismo, el obispo instó a los fieles a pedir por sus hermanos a través de la Iglesia. "En la comunión con los santos la Iglesia intercede por vosotros, nosotros debemos pedir por vuestra madre o padre fallecido porque si vosotros solos pedís por vuestros hermanas no os van a escuchar", manifestó el obispo.

González continuó su homilía refiriéndose a la comunión entre la Iglesia militante y celestial que ambas tienen una mutua influencia. El acto concluyó con una petición de descanso eterno para los difuntos y la oración del responso que finiquitó el obispo almeriense asperjando el camposanto y a los fieles con agua bendita como señal de vida.

Un acto de bendición a los queridos difuntos que dejó una sensación de paz e incluso felicidad entre los numerosos creyentes que acudieron al camposanto almeriense.

Fuente: El Almería


Publicado por javiertortosa @ 15:43  | Enlaces en la Web
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios