Viernes, 23 de octubre de 2009

En el Evangelio de San Juan, Jesús dice a Nicodemo que “tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único” (Jn 3, 16). El mismo evangelista afirma rotundamente que el Señor, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo” (Jn 13,1b). Las imágenes sagradas de nuestra Semana Santa, transcriben plásticamente lo que la Sagrada Escritura expresa con palabras, y este lenguaje visual es capaz de tocar el corazón e interpelar a quienes cada año contemplamos en nuestras calles estas representaciones artísticas de los momentos estelares de la Historia de nuestra Salvación.

San Alfonso Mª de Ligorio, interpretaba el “amor hasta el extremo”, en el sentido de que Jesucristo puede decir a cada hombre y mujer: ¿hay algo más que yo hubiera debido o podido hacer por ti y no lo haya hecho? Cada Semana Santa el Señor, desde los bellísimos tronos labrados por la piedad de nuestro pueblo, dirige estas mismas palabras a quienes participamos en nuestras hermosas procesiones: “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13), palabras que provocan en nosotros sentimientos de piedad, conversión y compunción del corazón.


De acuerdo con los datos del estudio al que aludía al principio, entre 80.000 y 180.000 personas asisten cada día a los cortejos procesionales entre el Domingo de Ramos y el Viernes Santo. Ello nos da una idea de las incalculables potencialidades religiosas y evangelizadoras que encierran estas manifestaciones. Inmenso es también el valor devocional del patrimonio de las Hermandades, de sus imágenes, pasos, bordados, orfebrería y otros enseres, cuyo valor artístico, histórico y sentimental los hace únicos.

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Escrito por + Juan José Asenjo Pelegrina - Administrador Apostólico de Córdoba   
viernes, 23 de octubre de 2009, Fuente: Ecclesia


Publicado por javiertortosa @ 21:00  | Enlaces en la Web
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