S?bado, 10 de octubre de 2009

El alcance de esta escena es impresionante. En ella se deja ver cómo es Cristo “por dentro”. Verdadero Dios y verdadero hombre. Verdadero Dios que quiere liberar a los hombres del pecado por el amor. Verdadero hombre que sufre y se resiste a sufrir: “¡Padre! Aparta de mi este trago pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”. Un conflicto interior que se resuelve por la obediencia.

En el fondo, Cristo en sus días de la vida mortal no hizo otra cosa que descubrir la voluntad del Padre y llevarla a cabo. Como Dios y como hombre, sólo obedeció al Padre.

En cuanto que hombre, seguramente lo había aprendido de su madre. Ella también obedeció la voz de Dios por medio del ángel en el luminoso día de la Anunciación. No hay mucha distancia entre el Si de María y las palabras de Jesús en el huerto de Getsemaní.

Obedecer la voluntad del Padre es la esencia de la espiritualidad cristiana, en el día luminoso, y en la noche oscura. Descubrir los planes de Dios y llevarlos a cabo. Obedecer.

En los dos casos la obediencia no les convierte en esclavos sino que les da la verdadera libertad porque los conduce a Dios, fuente de libertad.

Fuente. Ecclesia


Publicado por javiertortosa @ 11:23  | Enlaces en la Web
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