Martes, 30 de diciembre de 2008
La Jornada Mundial de Oración por la Paz del 1 de enero fue establecida por Pablo VI en 1968Image

Jueves, 11 dic (RV).- Pablo VI allá por 1968, fue el primer Pontífice en celebrar el Día de la Paz el 1 de enero de cada año, expresando su deseo de que cada año, esta celebración "se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la Paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura".

 

Pero la invitación no era dedicar a la Paz el primer día del año nuevo como exclusivamente católica, sino que pedía la adhesión "de todos los amigos de la Paz, como si fuese iniciativa suya propia, y expresarse en formas diversas, correspondientes al carácter particular de cuantos advierten cuán hermosa e importante es la armonía de todas las voces en el mundo para la exaltación de este primer bien, que es la Paz, en el múltiple concierto de la humanidad moderna".

Han pasado cuarenta años desde que Pablo VI lanzara esta iniciativa que fue acogida por los Papas que le siguieron con gran devoción. Tras él, el Siervo de Dios Juan Pablo II recogió en 1978 su testigo, celebrando el 1 de enero de 1979 el Día de la Paz bajo el tema: "Para lograr la paz, educar a la paz". "A lo largo de todo su pontificado, Pablo VI ha recorrido los difíciles caminos de la paz", recordó en aquella ocasión Juan Pablo II, quien recogió de manos de su venerado predecesor el bastón de peregrino de la paz.

 

El 1 de enero de 1982, Juan Pablo II lanzaba un mensaje a favor de la paz, un mensaje que sigue siendo de gran actualidad a pesar de los años: "Hoy la paz –escribía Juan Pablo II- se ha hecho en todo el mundo una preocupación mayor no sólo para los responsables de los destinos de las naciones, sino, sobre todo, para amplios sectores de la población y para numerosos individuos que se consagran con generosidad y tenacidad a la labor de crear una mentalidad de paz y para instaurar una verdadera paz entre los pueblos y naciones. Ciertamente, todo esto es una realidad confortadora –proseguía el Papa- Pero no se puede disimular que, a pesar de los esfuerzos empleados por todos los hombres y mujeres de buena voluntad, graves amenazas continúan pesando sobre la paz en el mundo. Entre estas, algunas toman la forma de desgarrones en el interior de muchas naciones; otras son fruto de tensiones profundas y agudas existentes entre las naciones y bloques antagonistas dentro de la comunidad mundial".

 

El mismo mensaje que Benedicto XVI lanzó para este año, recordando que hace sesenta años, la Organización de las Naciones Unidas hacía pública de modo solemne la Declaración universal de los derechos humanos (1948-2008). "Con aquel documento la familia humana reaccionaba ante los horrores de la Segunda Guerra Mundial –evocaba el Pontífice- reconociendo la propia unidad basada en la igual dignidad de todos los hombres y poniendo en el centro de la convivencia humana el respeto de los derechos fundamentales de los individuos y de los pueblos: fue un paso decisivo en el camino difícil y laborioso hacia la concordia y la paz".

 

Precisamente a la luz de esta significativa efemérides, Benedicto XVI invitaba a todos los hombres y mujeres a que "tomen una conciencia más clara sobre la común pertenencia a la única familia humana y a comprometerse para que la convivencia en la tierra refleje cada vez más esta convicción, de la cual depende la instauración de una paz verdadera y duradera". El Papa invitaba también a los creyentes a "implorar a Dios sin cesar el gran don de la paz. Los cristianos, por su parte, saben que pueden confiar en la intercesión de la que, siendo la Madre del Hijo de Dios que se hizo carne para la salvación de toda la humanidad, es Madre de todos". El mensaje para 2009 recuerda, como ya hicieron.

Fuente: Ecclesia


Publicado por javiertortosa @ 15:00  | Enlaces en la Web
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