Lunes, 02 de enero de 2012

SENTIDO DE LA NAVIDAD, QUE SE REFUERZA EN MI DESPEDIDA

(Noche vieja de 2011) 

Nuestra verdadera verdad, nuestra vida en el mundo, es como un regalo de Navidad. Esta hemos de vivirla con nuestra verdad más auténtica, sin máscaras ni engaños, sin disfraces ni antifaces, sin fariseismos. Seguro que el afortunado palpa y disfruta del regalo, incluso a través del envoltorio, mientras que los amigos le invitan a que adivine el contenido. Hay otros, menos afortunados, a quienes se les escurre de las manos sin disfrutar de lo positivo del regalo de la vida. Su vida se parece a la de los escarabajos peloteros, solo ven y les atrae la porquería, no saben más que revolver en las deyecciones, sólo ven lo malo. Por eso se pasan la existencia amargados, y amargando a los demás; su alias debería ser “fulano coprónimo”, o “mengano coprófago”. 

Os propongo una nueva perspectiva para el año que llega. Hacer la guerra a nuestros problemas. Pensemos que si les vencemos, ganaremos felicidad. Viviremos en paz con nosotros y con los demás, amigos e inclusos enemigos, que no se merecen ni un átomo de nuestro desasosiego. Os propongo vivir alegres y compartir la alegría con nuestros hermanos y con nuestros compañeros. Disfrutemos de la amistad, de la fraternidad. Que este año ya inmediato, y todos los restantes que la Providenciaquiera cedernos nos encuentren mejores personas, hombres o mujeres. Amen. (Por cierto, ¿sabéis que significa en hebreo, “amen”?, pues nada menos que verdad).

Seamos optimistas. El optimista permanece despierto, como las vírgenes sabias, hasta la medianoche para ver llegar el Año Nuevo. El pesimista permanece despierto, como las necias, para estar seguro de que se fue el Año Viejo. Decidme, y perdonad mi curiosidad, ¿para qué vais a permanecer despiertos esta noche vieja?

Que seáis felices. ¡Aleluya! Y ahora dejadme que os cuente la historia de la FELICIDAD. 

Una de las viejas leyendas de lugares remotos nos dice que los dioses decidieron crear al hombre y a la mujer. Pero uno objetó: ¡Alto¡ No pueden ser iguales a nosotros, no pueden tener nuestra figura o perfil, ni nuestra fuerza, ni nuestra inteligencia; hay que pensar en algo que los haga diferentes de nosotros; de no ser así, crearíamos nuevos dioses. Deberíamos quitarles algo; pero ¿qué? Tras pensarlo mucho, uno de ellos sugirió que a los humanos se les desposeyera de la felicidad. A todas aquellas deidades le pareció muy buena idea; pero surgió una nueva dificultad: ¿dónde esconder la felicidad para que las criaturas no la encontraran? Ni la cima de los montes, ni las profundidades de los océanos parecían sitios idóneos, pues con su inteligencia los humanos se las arreglarían para dar con ella. Finalmente, uno de ellos propuso la solución: la esconderemos dentro de ellos mismos, y nunca la hallarán.

Desde entonces, la humanidad rebusca la felicidad sin saber que la trae consigo. “¿Por que buscáis la felicidad, oh mortales, fuera de vosotros mismos?” preguntaba ese gran maestro de la filosofía que fue Boecio. Creo, amigos, que todos vosotros sois conscientes de que la tenéis con vosotros…, pero, como cristianos que sois, a la vez con el prójimo.

Por esos mundos de Dios se va cantando un villancico, que nos dice que huele a Navidad. Y añade ese villancico que es buen momento de pedir perdón a quien hayas faltado o hayas hecho llorar; y también de aceptar de grado, a quienes se quieran disculpar por lo que te hayan incomodado. Yo así lo quiero cumplir. Y por ello pido indulgencia a todos, y a todos disculpo.

Para mí, también es tiempo de despedida; se cumplió mi turno. De todos me despido, con un único deseo: que para todos sea un año nuevo feliz. Sobre todo que cada uno de vosotros sea feliz durante todo el año. Y al siguiente año, os lo volveré a desear, y así hasta la eternidad. Amén.

De un Hermano para Farol.


Publicado por javiertortosa @ 23:39  | Articulos en Farol
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