Viernes, 27 de noviembre de 2009

ADVIENTO 

En el tiempo de Adviento oímos las promesas de Dios tal como los profetas nos las han transmitido
. En ellas se nos ha anunciado que las aguas surgirán en medio del desierto, que las espadas se cambiarán en arados y que el lobo y el cordero, la pantera y el cabrito, vivirán juntos pacíficamente. Esto no son ilusiones piadosas con las que los profetas quieren arrullamos; son más bien sueños en los que descubrimos nuestras propias posibilidades. Son los sueños de Dios en nosotros.

Y en el Adviento nos hundimos en esos sueños nuestros de Dios para afirmar así cada vez más nuestras propias posibilidades
. Así nos damos cuenta de qué somos capaces. Si Dios viene, entonces florecerá en nuestro corazón el desierto; entonces brotará en medio de nuestro vacío y sequedad una fuente que nos llenará de vida. O como lo vemos expresado en otra imagen del profeta que emplea más constantemente durante estos días: Un rocío caerá del cielo y fecundará la tierra. Las nubes del cielo cubrirán a los justos a fin de que germine nueva vida y nuestro mundo vuelva a ser habitable.

El desierto floreciente y el rocío fecundante fueron para Israel las imágenes con las cuales se describió la llegada de Dios
. En nuestras latitudes, l oscuridad y el frío pasaron a ser más bien los símbolos de nuestro mundo que espera la venida del Señor. En las tinieblas no nos podemos orientar, nos sentimos desamparados, abandonados: no encontramos ningún camino para volver a casa. En las sombras nos agarramos a las personas que están cerca de nosotros para no caer en un hoyo. El miedo ante la inseguridad de nuestra existencia nos impulsa a sujetamos a los hombres. Esperamos de ellos que nos ayuden en nuestra inestabilidad, pero con ello abusamos de las fuerzas de cualquier persona. Nadie puede damos un apoyo definitivo, porque la oscuridad lo pone a él también en peligro. Por eso es un mensaje liberador lo que clama Isaías: "El pueblo que andaba en las tinieblas ha visto una gran luz" (Is 9,1). Esta palabra puede tranquilizar nuestra angustia, puede traer luz a nuestras tinieblas.

Fuente: Santiago Moranchel para Ecclesia


Publicado por javiertortosa @ 0:00  | Articulos en Farol
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios